Laguna de Quilotoa

Con la popularidad de las redes sociales, ciertas personas quieren visitar lugares para, principalmente, comunicar un “estilo de vida”. Otras, como yo, viajamos para disfrutar del momento y vivir la experiencia.

 Claro que siendo fotógrafo buscaré el mejor ángulo, fondo y composición del lugar para las tomas y publicarlas. Lo mío es el lenguaje visual y se lo establece a través de las imágenes.

Este viaje en bus lo realicé con dos amigas en un sólo día a través de una agencia. Inició el trayecto a las 02:00 partiendo desde Guayaquil, cerca de las 07:20 la primera parada fue en Zumbahua para estirar los músculos tensos de cada articulación, desayunar y, obviamente, para que todos los pasajeros, incluyéndome, nos acopláramos al frío (lo diré una vez más: ¡maldito frío! 15°) antes de arribar el destino final.

Hasta que por fin el pasajero número 29 de 50 dio el último sorbo de su tasa de café y abandonó el restaurante para subir al bus, el chofer pudo arrancar para avanzar hacia el mercado, donde vi desde la gallina colgada de la mano del campesino hasta el pelaje de la oveja traquilada en el suelo. En aquel lugar aproveché, junto a otros acompañantes, a comprar las respectivas pastillas para el mareo y alergia. Gracias a Dios pude comprarlas porque eran las últimas y la farmacia era la única existente en aquel pueblo.

30 minutos después de haber dejado atrás el mercado, llegamos finalmente a Quilotoa. Antes de bajar del bus me preparé para combatir el soberbio frío: me puse el gorro de lana, una bufanda de lana alrededor del cuello y cubriendo mi boca, guantes y un abrigo de piel por dentro y con forro impermeable por fuera.

Se llega primero a un mirador donde tienes una vista panorámica del lago. De allí se desciende por un único camino. Mi caminata demoró aproximadamente 1 hora porque me detuve en ciertas esquinas para hacer fotos. Lamentablemente, no pude hacer muchas porque empezó a llover levemente. El frío fue otro detractor que impidió quitarme el guante para usar mejor la cámara.

Durante la travesía con el descenso, antes de llegar al lago, conocí a un simpático amigo. El lugar era para hacer muchas fotos pero la lluvia y el frío no lo permitieron. Incluso quise ver el color verde esmeralda que el lago muestra gracias a la interacción de los minerales que posee con los rayos solares que nunca se hicieron presente, sólo el color gris de las nubes.

Sólo estuve como máximo media hora contemplando la laguna, incluso observé como unos muchachos motivados por la aventura decidieron ir a los botes sin importar que el frío y la lluvia estuvieran sobre sus cabezas. Después de todo ese espectáculo, me retiré con mis amigas del lugar para regresar, por el mismo camino que descendimos, a la cima: el mirador.

Ya en la cima, buscamos un restaurante cualquiera que sirva para refugiarnos del frío y calmar el hambre. Ya eran las 16:00 cuando todos subimos al bus para regresar, dejando atrás esta maravillosa aventura vivida. Regresaría pero sin descender.

 

Fotografía CARLOS RODRÍGUEZ
Fotos de mí LORENA BASTIDAS.

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